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¡Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a vos!

sábado, 6 de diciembre de 2014

DIOS PERDONA TODO

A mí nunca se me va a olvidar una historia que leí de la Guerra Civil Española donde un republicano estaba muriéndose y le pidió a dos soldados nacionalistas que pasaban por ahí: -¡Un sacerdote, por favor! ¡Un sacerdote! Uno de los soldados le gritó: -¡Púdrete en el infierno! Pero el otro soldado, compadecido, buscó un sacerdote y se lo llevó.
Cuando el moribundo vio al cura le preguntó con mucha ansiedad: -¿Usted es el párroco de este pueblo? Y el sacerdote le contestó que sí. Total que el hombre se confesó, recibió los santos óleos y el sacerdote le pidió a los soldados que lo llevaran a un sitio techado para que no muriera en la calle.
En el trayecto el hombre decía: -¡Me ha perdonado, me ha perdonado! Y uno de los soldados le dijo: -¡Claro que te ha perdonado, ese es su trabajo! Pero el hombre señaló: -Es que yo no solamente maté 16 sacerdotes sino que cuando llegué a este pueblo para matar al cura me encontré con su padre y su hermano y como no me dijeron dónde estaba, los maté a ellos. Y este hombre, a quien he matado a su padre y a su hermano, me ha dado la absolución ¡Me ha perdonado!
Bueno, así es Dios. Dios perdona todo. Absolutamente todo si estamos verdaderamente arrepentidos. Y eso es algo que a veces quienes guardan rencor por algo grave que le ha pasado a ellos, a sus familiares, etc., no pueden comprender fácilmente.
Pero es que las cosas de Dios definitivamente no son fáciles de entender. Justo ahora que estamos comenzando el tiempo de adviento es un momento propicio para reflexionar sobre algunas cosas que no son fáciles de entender.
¿Cómo explicarnos por ejemplo que Dios se encarnó en una Virgen para venir como un bebé pobre y desvalido a esta tierra, para salvarnos de nuestros pecados? ¿Cómo entender que Dios haya mandado a Su propio Hijo para que muriera en una cruz vejado, ultrajado y despreciado por muchos? ¿Acaso no era más fácil que viniera Todopoderoso, con rayos y centellas desde lo Alto, para gritarnos que nos arrepintiéramos y que nos portáramos bien?
Pues no fue así porque Dios nos hizo libres. Libres para que lo sigamos y lo amemos solo si nos da la gana. Él nos dejó el camino para seguirlo, y nos lo recordó muchas veces a través de Su Hijo en muchas parábolas, para que aprendiéramos lo que es el mal y lo que es el bien.
Jesucristo, quien es infinitamente misericordioso, vino a esta tierra a reformar el “ojo por ojo y diente por diente” del Antiguo Testamento pero también vino a decirnos que los Mandamientos para todos los hombres son los mismos 10 que su padre Dios le entregó a Moisés.
Y por si fuera poco dejó el sacramento de la confesión en su Iglesia cuando le dijo a los apóstoles: “Recibid el Espíritu Santo, a quienes le perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos” (Jn 20, 22-23).
Ese sacramento que nos muestra la infinita misericordia de Dios, que perdona lo que sea a quien se muestre verdaderamente arrepentido y con disposición a no volver a pecar. ¿Cuántas veces uno no ha leído ese maravilloso pasaje del Evangelio donde Cristo le dice a la Magdalena: “Tus pecados te son perdonados; vete y ¡no peques más!?” (Jn 8,11).
¿Cuántos hombres que eran grandes pecadores, terminaron siendo santos de altar? San Agustín cada vez que pensaba convertirse le decía a Dios: “Todavía no, Jesús, que a mi me cuesta mucho vivir la castidad”.
Y así como San Agustín somos muchos quienes nos hemos dado trancazos en la vida por dejar al Niño Jesús esperándonos en un rincón. Y no entendemos que Él está ahí en su cunita, con los brazos abiertos, ansioso para que nos decidamos rápidamente a empezar una Vida Nueva, una vida que meta a Cristo en nuestros planes.
Esta época de adviento, que la Iglesia nos regala para que nos preparemos internamente para recibir al niño Jesús, es un tiempo maravilloso para convertirnos, para convertirnos de corazón. Es un tiempo maravilloso para acudir al sacramento de la confesión.
No dejemos ese encuentro con Cristo para la última hora, como lo hizo el republicano o el buen ladrón, porque no sabemos cuándo Dios nos va a llamar a su presencia.
¡Ojalá aprovechemos mucho este tiempo de Adviento para prepararnos de la mejor manera y poder recibir a Cristo en nuestro corazón! ¡Aprovechemos este maravilloso tiempo para centrarnos en lo importante: Cristo y la salvación; y para no dispersarnos en cosas que nunca podrán darnos la Paz que sólo Jesucristo nos puede dar!
María Denisse Fanianos de Capriles
@VzlaEntrelineas

domingo, 30 de noviembre de 2014

jueves, 27 de noviembre de 2014

Triduo Patronal: 2º Día - PRIMERAS COMUNIONES

Día de la Virgen de la Medalla Milagrosa - Celebración Eucarística - Niños que reciben por Primera vez a Jesús Sacramentado.











Celebrante: P. Ariel Parisse










Triduo Patronal: 1º Día

 19:30 Santa Misa








Compartiendo una cena esperando la media noche...



27 de noviembre, 00:00 Hs... ¡FELIZ CUMPLE, MADRE DE LA MEDALLA MILAGROSA!!!






lunes, 24 de noviembre de 2014

1° Domingo del Tiempo de Adviento - 30 de noviembre de 2014

El tiempo fluye inexorable, y es así que nos encontramos de nuevo al comienzo del año litúrgico con la celebración del 1º Domingo del Adviento. 



El tiempo de Adviento dura cuatro semanas y culmina con la celebración del nacimiento de Jesús. La liturgia de este tiempo está caracterizada por la espera de una venida, de un “adviento”. La actitud propia del Adviento está expresada en este grito del profeta Isaías: “¡Ánimo, no temáis! Mirad que vuestro Dios viene... él vendrá y os salvará” (Is 35,4). Movidos por este certeza, nosotros esperamos que venga Dios a salvarnos. Hoy día es más claro que nunca que el mundo está sometido a la esclavitud del pecado y que de esta esclavitud no puede salvarse a sí mismo. A pesar de todos los adelantos científicos y tecnológicos de nuestro tiempo, perduran la violencia, el terrorismo, la guerra, la corrupción, la pobreza y el hambre en vastos sectores de la tierra, la destrucción de la familia, la pornografía con su cortejo de abusos, etc. Es claro que no podemos esperar ser salvados de todos esos males por algún esfuerzo humano, por muy poderoso que sea. De todo eso no nos puede salvar sino una intervención personal de Dios mismo. Esto es lo que esperamos. La espera de que venga Dios mismo a salvarnos es una actitud esencial de la fe cristiana. Confiando en que sólo una intervención de Dios puede lograr que se establezca la paz en nuestro mundo actual y que la familia, como fundamento de la sociedad, recupere su santidad y unidad, San Juan Pablo II nos pedía el rezo del Santo Rosario por lo que promulgó el "Año del Rosario" desde octubre 2002 a octubre 2003. Se trata de implorar por medio de la plegaria del Rosario esa intervención salvífica de lo Alto.



+ Felipe Bacarreza Rodríguez Obispo Auxiliar de Los Ángeles (Chile)

domingo, 23 de noviembre de 2014

¡GRACIAS..!

Agradecer. 
No te prives de decir GRACIAS hoy, quizás mañana ya no puedas, ya sea tarde… ya porque tu no estés, ya porque él no esté.
No te prives de reconocerlo hoy, abrazarlo hoy, mirarlo a los ojos hoy y decir simplemente GRACIAS.
Se nos pasa la vida, mirando adelante, mirando hacia atrás, y de pronto, cuando menos acordamos, cuando miramos al lado aquel ya no está, ya se bajó en la estación anterior y entonces me pesa saber que no tuve tiempo, o quizás el valor de detenerme un instante para, con humilde reconocimiento, y desde el fondo del alma gritar ¡GRACIAS!

Y a vos, ¿por qué habríamos de agradecerte?
Por que estás, solamente porque estás, me acompañás, caminás a mi lado, nada más ni nada menos porque estás. Tu presencia es tangible, palpable, nadie puede negarla, es palabra, risa, llanto… ES VIDA.
Puedes haber construido, elaborado, hecho nada, poco o mucho, muchísimo quizás, eso es medida humana, eso es sólo percepción de quién juzga, eso no es lo importante… cuando te necesité estabas, estás y se que estarás… eso es lo que tiene valía.


Por eso no queremos seguir dejando pasar el tiempo sin reconocer a los que estuvieron y a los que están siempre dispuestos en nuestra Capilla.
Son muchos, pero año a año iremos ampliando nuestro GRACIAS a todos y cada uno.

Comenzamos recordando y aplaudiendo porque estuvieron, y por la Fe que nos mueve sabemos que continúan estando, acompañando y caminado junto a nosotros Bonicha, Margarita, Charalo y Rogelio.

Y este año comenzamos con un GRACIAS para:

Don Luis Cantizano…

Don Rafael Vargas…

Doña Rosa Ríos…


La lista no acaba, el próximo año, Dios mediante, otros serán a quienes diremos GRACIAS, y en ellos, como hoy, a TODOS quienes caminan junto a nosotros.